Adaptarse al preescolar puede ser difícil para cualquier niño, incluso para los que asistieron a la guardería por un tiempo.

Lo importante es que todas las actividades que realices para preparar a tu niño sean divertidas. Es crucial que tu hijo no sienta que cada actividad es una lección de aprendizaje, y que cada paseo es una excursión educativa.

Planea más actividades sociales.

Todos los niños que asisten al preescolar tienen que llevarse bien con otros niños. Si tu hijo no ha pasado mucho tiempo conviviendo en grupo con otros niños, es muy probable que ciertas actividades le resulten muy difíciles. Entre estas se incluyen compartir, esperar por su turno y jugar en colaboración.

Puedes ayudar a que tu niño se acostumbre a sentir que es parte de un grupo. Una opción para esto es reunirte con otras mamás cuyos hijos tienen más o menos la misma edad que el tuyo, para que los pequeños jueguen. Pueden reunirse en un parque o en uno de sus hogares. Otra alternativa es inscribirlo en una clase de arte, música o baile.

Procura que tenga una idea de lo que le espera.

Es poco común que un niño que va a empezar el preescolar, no se sienta ni siquiera un poquitín nervioso. Es esencial que nunca subestimes los miedos o preocupaciones de tu niño. En lugar de eso, ayúdalo a calmar sus nervios brindándole información y detalles sobre su nueva escuela.

Conversa con él sobre lo que pasará cuando llegue a la escuela. Por ejemplo, le puedes decir dónde está ubicada su aula, qué actividades hará en su clase y quiénes serán sus compañeritos. Antes de que empiece la escuela, visiten juntos el salón de clases por lo menos una vez, de preferencia cuando estén ahí otros niños y su futura maestra (o maestro).

Además le puedes leer libros que relaten historias de niños que empezarán la escuela.

Haz un ritual para despedirte de él.

Si esta es la primera vez que tu hijo se separará de ti, quizás este ansioso porque le preocupa que no regreses, o que te pierdas y no sepas cómo regresar a la escuela para recogerlo cuando se terminen las clases.

Invéntate un ritual especial que hagan los dos cada vez que lo dejes en la escuela. Pueden, por ejemplo, cantar una breve canción o chocarla con las manos (¡choca esos cinco!).

Durante los primeros días, procura tener un poco de tiempo extra para preparar todo (su almuerzo, por ejemplo) y alistar al niño. Entre más serenas sean las cosas en casa, más fácil será la separación.

Y aunque te tiente irte de la escuela sin despedirte, no lo hagas. Eso hará que tu niño esté aún más consternado cuando se dé cuenta que no estás. Es mejor que te despidas de él. Procura además no hacer las despedidas muy largas, ya que eso resultará más difícil para ambos. Dile adiós de manera relajada y con un tono de seguridad, y él aprenderá a hacer lo mismo.

Léele a tu niño todos los días. 

La mayoría de las escuelas tienen por lo menos un periodo de tiempo para leer todos los días. Si destinas por lo menos 15 minutos al día para leer con tu hijo, esto se convertirá en un ritual familiar cuando empiece la escuela. Los niños que no han estado expuestos a libros, por lo regular, tienen dificultades para leer en el futuro.

Debido a que los niños en edad preescolar, por lo general, no pueden leer por sí mismos, es crucial que aprendan a escuchar. Leerle en voz alta a tu hijo es una manera magnífica de fomentar su habilidad de escuchar. Los niños les prestan especial atención a las historias con ritmo, así que busca libros que repitan frases.

Practiquen la habilidad de escuchar.

Las maestras de preescolar a menudo les piden a los pequeños que se sienten quietos y escuchen. Un ejercicio para ayudar a que tu niño esté preparado para esta petición, es pidiéndole que se siente de manera silenciosa y que cierre los ojos. Luego pídele que te describa todos los diferentes sonidos que escucha. Hablen sobre qué es lo que provoca esos sonidos y de dónde provienen.

En el preescolar, los niños también aprenden a escuchar y seguir instrucciones que incluyen más de un paso. Puedes comenzar por pedirle a tu niño que realice una serie de cosas, como llevar sus zapatos a su cuarto y ponerlos en el armario. O bien, que vaya al baño y se lave las manos, y luego que regrese a la cocina para ayudarte a llevar las servilletas a la mesa.

También puedes jugar juegos que requieran que tu hijo escuche instrucciones, resuelva problemas y espere por su turno. Una divertida actividad es jugar al detective mientras caminan por el vecindario. Dale pistas a tu niño sobre algo que observes. Le puedes decir “Veo algo muy, pero muy alto”. Tu niño te tiene que hacer preguntas acerca del objeto hasta que adivine qué es (¡un árbol!).

Nutre al artista.

Crear arte (ya sea moldear con plastilina o pintar con los dedos) les ayuda a los niños a desarrollar sus habilidades visuales y motoras finas, que necesitan para escribir. Procura tener a la mano pintura, crayolas y otros materiales para motivar a tu hijo a crear lo que él quiera.

Hacer laberintos sencillos o crear dibujos conectando puntos, también le ayudarán a tu niño a desarrollar habilidades tempranas que le ayudarán a aprender a escribir.

By: Janni López